¿De quién está embarazado el PNV?

¿De quién está embarazado el PNV?

La última piedra del curso pasado, 29 de junio, coincidió con el glorioso triunfo de “la roja” en el europeo de fútbol. Era el preludio de un verano en que el espíritu colectivo español iba a cabalgar alto a lomos del deporte, mientras la moral del ciudadano particular se desplomaba al compás de los tumbos de la economía. Apuntaban ya al cielo el euribor, el IPC y el petróleo y miraban al abismo las inmobiliarias, la bolsa y el consumo. Todavía, sin embargo, pudo el PSOE, a primeros de julio, saborear el 9-M en un plácido Congreso con debates de fogueo sobre políticas de izquierda, para disimular que con la crisis tocaba “vista a la derecha”, justo antes de que Zapatero empezara a reconocer que la crisis iba a zarandear a España tanto o más que a cualquiera. Y también a él, a punto ya de saber que haber optado por gobernar en solitario sin alianzas estables iba a tener un precio. El nuevo PP de Rajoy dejaba de ser el coco que le había garantizado cómodas victorias parlamentarias y el meteosat político anunciaba para otoño negociaciones tormentosas para cuadrar la financiación autonómica y aprobar los presupuestos.

Esa primera marea del verano dejó en el País vasco una estela de despedidas. Consumadas ya la de Diez Usabiaga en LAB y José Elorrieta en ELA, María San Gil estaba a punto de dejar el PP (o viceversa), y el PNV reescribía el libreto de la hoja de ruta del Lehendakari. Cierto es que el tripartito seguía enfrascado en defender la Ley de Consulta, pero cuando salió publicada en el Boletín Oficial el EBB había lanzado ya a los cuatro vientos el anuncio de “un cambio de chip para conectar con la sociedad” con una apuesta estratégica de fondo (“Think Gaur Euskadi 2020) y los fuegos artificiales de José Luis Bilbao (el Guggy-2 en Urdaibai). Por si alguien no sabía leer los labios, Ortuzar precisó que el PNV pensaba ya en el día después de la consulta. En otras palabras, en conservar el Gobierno. No más, por otra parte, de lo que el PSE pensaba ya en conquistarlo, con un Patxi López salido de tacos antes del pistoletazo, con el viento a favor de un euskobarómetro que negaba la mayoría absoluta al tripartito para otorgársela a la suma de PSE y PP.

Luego el verano, como tantas veces, se fue llenando de serpientes (manifiesto para defender el castellano, debate sobre el laicismo, alarma de las víctimas ante la salida de la cárcel de De Juana, investigación sobre los desaparecidos en la guerra civil); sobresaltos (la amenaza de Irán, dificultades de la Unión Europea para ratificar el tratado de Lisboa, goteo de noticias sobre la crisis, campaña de verano de ETA, ocupación de Osetia, directiva europea sobre la expulsión de ilegales); catástrofes (tragedia del Spanair en Barajas, huracanes en el Caribe, atentados islamistas), y nombres propios: Beatriz Betancour liberada en Colombia, Josu Jon Imaz que regresa de Columbia y desembarca en Petronor, Radovan Karadjic detenido y entregado a la justicia internacional, Obama candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Sarah Palin elegida por McCain para la vicepresidencia, Arnaldo Otegi que sale de la Martutene con la incógnita de su futuro...

Pero el poso del verano no está en los sobresaltos, ni las catástrofes, ni el carrusel de efímeros destellos de unos u otros, sino en el desplome de cualquier expectativa depositada en la política. Al menos a corto plazo. Se mire a donde se mire. Sea al plano internacional donde basta mirar a Osetia para comprobar una vez más que las santificadas normas de derecho son cartas marcadas para ser manipuladas por el tahur de turno (ahora rige el derecho de autodeterminación, ahora el principio de soberanía territorial). Sea a Europa, que ha dado pruebas evidentes de falta de propósito y de proyecto. Sea a España. Si la legislatura anterior había certificado el final de cualquier proyecto serio de Zapatero, de pacificación o territorial, en ésta no parece tener otro guión que el construido día a día desde las encuestas para, a falta de ideas para hacer frente a la crisis, capearla con el espejismo de toda suerte de debates suscitados para comerle terreno al PP y forzarle a echarse al monte, a la crispación que tanto había denunciado. De ahí los amagos con reformas de la ley de libertad religiosa y el aborto, investigación de los desaparecidos en la guerra civil, apoyo a la eutanasia, defensa de la Educación para la Ciudadanía. Dicen los socialistas que no son cortinas de humo sino marca de la casa: expresión de la voluntad de Zapatero de avanzar los derechos de la ciudadanía. Pues sí, basta reparar en el significativo, aunque rectificado, desliz de Corbacho al anunciar que suspendía la contratación de emigrantes en su país de origen para defender el puesto de trabajo de los españoles, o el empeño en aplicar la doctrina PP de que la izquierda abertzale sólo aprende a palos, o las reformas de un Código Penal y legislación penitenciaria en las que cada vez es más difícil distinguir la justicia del ensañamiento.

Mirar al País vasco no mejora el panorama, con el horizonte de las urnas relegando cualquier otro debate de fondo, el tripartito dando brazadas en el pantano de la consulta, el PSE en la orilla calculando si le conviene echarle un cable al PNV, la izquierda abertzale buscándose otra vez a sí misma y al proceso, y el PP en periodo de mudanza para volver al club de los consensos con un traje limpio. La defensa política, social y mediática de la consulta ha quedado muy lejos de la dimensión de la apuesta a la que se pretendía convocar a la sociedad vasca. Al colofón de un llamamiento a la denuncia en Europa no lo calificaré de salida por peteneras, pero sí de salida de emergencia que puede dejar en evidencia a sus promotores ante la manifiesta falta de penetración social, no tanto del derecho a la consulta cuanto de la gestión política de ese derecho.

Nos encontramos así al final de un verano embarazoso para muchos políticos, incluidos Sarah Palin, que ha venido a demostrar que hasta al embarazo de una hija adolescente se le puede sacar provecho político, y Aznar, quien siendo lo más parecido a un cinturón de castidad ha recibido de Rachida Dati una inesperada pincelada de Don Juan. Y como no hay dos sin tres, septiembre nos trae el embarazo electoral del PNV indeciso a la hora de encargar niño o niña. Llevar a Ibarretxe implica, de no lograr una mayoría improbable, una difícil singladura poselectoral a la hora de compaginar propósitos con alianzas. Cambiar de candidato, la renuncia a su mejor baza en unas elecciones marcadas por la crisis en la que la ejecutoria del Gobierno vasco ofrece todavía ventaja comparativa con la socialista. A expensas, claro, de que se anuncie el embarazo de la izquierda abertzale con esa candidatura blanca que augura Ramón Jáuregui. Una buena noticia en tiempos de crisis: la cigüeña no está en paro.

Mariano Ferrer

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SÓLO UN ACCIDENTE

Accidente: casualidad, eventualidad; suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño.

Si la casualidad es lo que se sale de las estadísticas, vivimos en una sociedad capaz de volverla a encerrar en ellas, en la previsión. Por cada millón de desplazamientos corresponde un número fijo de muertos sobre el que ir trabajando: en el tráfico vial ese número depende del estado de las carreteras y del del parque automovilístico, la regulación del tráfico, etc. La casualidad sólo influye, y también relativamente, en el reparto.

¿Pasa algo similar en los accidentes aéreos? Las de aviación están tan sometidas a la dinámica feroz de la competitividad como cualquier otra empresa. En función del beneficio se comen entre ellas, desapareciendo unas y apareciendo otras. Es un proceso en el que se consigue el incremento reiterado del beneficio a costa de externalizaciones y de la degradación reiterada de las condiciones de trabajo. ¿Se degrada, también en ese proceso, la seguridad de los vuelos? Previsiblemente. Más, cuando el mantenimiento de los aparatos se encarga a terceros, que, a su vez, pueden encargarla a unos segundos terceros.

Aunque se pretendiera, que no es seguro que se intente cuando el dinero está de por medio, en el mundo de la prisa y de la movilidad, el control no puede alcanzar lo que nuestra voracidad demanda. No hay tiempo que perder, aunque la prisa abra la puerta a la casualidad, aunque la haga previsible. El tiempo que era oro, hoy es dinero. Así, Barajas mal mezcladas como la de Madrid, incrementan las posibilidades de recibir la peor mano.

En vuelo charter o en patera, con adhesión fervorosa o violentamente empujados, esa vorágine a la que nos dirigen es a la que nos sumamos. Naturalmente no es lo mismo, es radicalmente distinto y aun lo opuesto, aunque a veces los resultados los equiparen.

También el tratamiento mediático es distinto: esos otros desparecen rápidamente de los medios sin que oigamos sus testimonios ni saber del dolor de sus entornos familiares. De los primeros nos dan información hasta la saciedad, apelando a los elementos más sensibles de forma que causen conmoción hasta en Pekín o en la Zarzuela. Conmoción falsa, que nada cuestiona. Falsa información por más que reiterativa, que nos oculta las causas, las responsabilidades y la necesidad de cambiar nuestros estilos de vida.

Colectivo Malatextos

Langarra (3)

Un pensamiento nuevo

Democracia y consulta (I)

DEMOCRACIA Y CONSULTA (I)

Los aspectos democráticos

Paco Garmendia

En el debate actual sobre la consulta propuesta por el Gobierno de Euskadi para el 25/10/08 conviene distinguir entre las cuestiones básicas que afectan a la concepción de la democracia, de un lado, y la forma en la que se plantea en este caso, del otro. Ambos están relacionados, pero no son lo mismo.

Lo peor del actual debate radica, desde mi percepción, en que el juego de intereses encontrados -no necesariamente democráticos- en torno al momento coyuntural, está afectando negativamente a principios fundamentales para la consolidación del proceso democrático vasco y español.

Para actuar democráticamente no bastan las intenciones, ni las declaraciones avaladas con papeles. La democracia es proceso práctico, en el que se conjugan modos de sentir, pensar y comportarse en la complicada tarea de combinar libertad y comunidad. Y como tal proceso, la democracia es una realidad abierta, que puede empeorar o mejorar.

Las consultas pueden ayudar a mejorar la democracia, pero no bastan para garantizarla. Obstruir por principio el ejercicio de la consulta es, en cualquier caso, entorpecer la democracia, aunque se utilicen medios legales para ello. Y el solo hecho de oponerse a esas leyes obstruccionistas tampoco garantiza las bases democráticas de otros procesos de consulta política a la sociedad.

La calidad democrática de un sistema político y del conjunto de sus instituciones se mide en el grado de protagonismo que ejercen los vecinos y ciudadanos concretos afectados al definir los problemas y su relevancia, al deliberar sobre ellos y decidir el modo de afrontarlos, así como al ejecutar y evaluar las políticas acordadas.

La puerta de la libertad democrática se abre respetando que todo ciudadano sea libre de hacer preguntas y plantearlas públicamente, en igualdad de condiciones con todos los demás. No basta con la libertad de responder, que es reconocida incluso por fascistas que determinan al dictat las preguntas en plebiscitos manifiestamente antidemocráticos. Reducir la libertad democrática a la libertad de respuesta es hacer de las personas animales, que también son capaces de responder.

Sin embargo, estos fundamentos elementales de la dimensión consultiva de la democracia, apenas tienen eco en el debate actual sobre la consulta que nos ocupa. En lugar de recurrir a las claves genuinamente democráticas al valorar las posiciones naturalmente contradictorias sobre los problemas que nos inquietan, asistimos a la recuperación de puntos de vista más propios de la tradición fascista o leninista.

La obsesión de que la sociedad vasca no sea consultada es lo que prima en algunas posiciones que no dudan en recurrir a cualquier medio para defender su propósito. A modo de ejemplo: en relación a la “consulta” propuesta por el Gobierno Vasco, el Lehendakari Ibarretxe era insistentemente cuestionado en El País del 8/6/2008 por su entrevistador, quien como último argumento le preguntaba “Pero ¿en qué texto legal se permite?”. Es triste tener que constatar que el delegado de El País en Euskadi reproduzca en su pregunta el pensamiento propio de las dictaduras, según el cual todo lo que no está expresamente reconocido debe considerarse como no permitido.

El hecho de que socialmente se haya planteado la viabilidad – inviabilidad de la “consulta” en términos de “papeleo legal” ha hecho que el problema de fondo haya quedado diluido y se haya desenfocado. Ante una estrategia obstruccionista de “impedir” legalmente algo que no está positivamente permitido, el Gobierno Vasco se ha visto obligado –reactivamente- a diseñar una estrategia jurídica que blinde la posibilidad de consulta con una ley que la decreta en tales términos que solamente caben dos preguntas que formula el propio Gobierno.

Es una situación absurda desde un punto de vista democrático, si nos fijamos en las variadas experiencias de consulta vigentes en países de solera participativa. Es por ello importante que no quedemos atrapados en esta espiral de acción-reacción y aspiremos a desarrollar procedimientos de participación consultiva directa que permitan a los ciudadanos formular preguntas, avalándolas con las garantías que se establezcan.

La refutación del derecho a la libertad de preguntar, alegando que determinadas preguntas dividen a la sociedad, equivale a impedir el ejercicio de la libertad en nombre de la unidad. En las mejores experiencias democráticas del mundo suele plantearse la convivencia más en términos de unión, que bajo el concepto de unidad. La unidad de pregunta equivale a excluir otros modos de plantear la convivencia. La unidad (de pensamiento, de sentimiento o de acción) fácilmente se traduce en coacción. La unión se basa en la adhesión voluntaria de mutua dependencia, conquistada por concurso contradictorio que busca solidaridades en beneficio mutuo. La unión es cosa de personas que preguntan y admiten las preguntas de otras personas, confrontándolas en debate y decidiendo sobre ellas por procedimientos siempre perfectibles, pero comúnmente aceptados.

La consulta es una herramienta para conocer el estado de la opinión sobre cuestiones que pueden interesar desigualmente al Gobierno o a la oposición, a unos sectores de la sociedad o a otros. Pero es una herramienta saludable para conocer incluso el grado de nuestras divisiones y antagonismos que, quizás, una vez formalizados, no resulten ser tan graves. Al igual que es sana para la democracia la existencia de los Partidos, que son “parte” y, como tales, expresan la diversidad social.

Lo escrito hasta ahora podrá parecer a algunos, en la vorágine actual de contra o a favor de la consulta planteada por el Gobierno Vasco, una digresión intelectual poco útil. Pero quienes queremos ejercer como vascos libres en un pueblo libre federalmente solidario con los pueblos de Iberia y de toda Europa, debemos cuidarnos muy mucho de conformar nuestra estrategia desde la pura negación de quienes se oponen a nuestra pretensión.

Cambio político en Navarra

Cambio político en Navarra
Paco Roda

Democracia y consulta (II)

DEMOCRACIA Y CONSULTA (II)

¿Qué hacer?

Paco Garmendia

Creo haber expuesto las razones por las que no me gustan los términos en los que está planteado el debate actual sobre la consulta. Pero raramente son los idealmente deseados, los contextos de vida en los que debemos optar. En la oposición a la obsesión cesarista que demuestran quienes dirigen el actual gobierno de España en su empeño por impedir que los vascos manifestemos, en consulta pública, nuestra opinión sobre cuestiones controvertidas que atenazan nuestro desarrollo democrático, debo situarme del lado del Gobierno de Euskadi.

Y lo debo por convicción democrática y por fidelidad a una tradición positiva de nuestra historia institucional. En la disposición adicional del Estatuto de Gernika se hace referencia a que los vascos no renunciamos a lo que por la historia y como pueblo nos corresponde. Una de las características principales del sistema político foral era, precisamente, la participación consultiva y deliberativa de los vecinos - ciudadanos en cuantas cuestiones afectaban a su vida en común. En realidad, tal como recoge Larramendi en su diccionario, agintari (persona que ejerce como autoridad) quiere decir prometedor, en cuanto que es persona obligada a cumplir la palabra dada a su comunidad. Las Juntas Generales, en muchas cuestiones, deliberaban en dos fases: en la primera se recogían los puntos a tratar y en la segunda se tomaban las decisiones, previa consulta a las asambleas de vecinos y sus órganos.

Precisamente a la luz (con sus sombras) de esa tradición, lamento que las circunstancias hayan impedido un planteamiento más avanzado por parte del Gobierno Vasco. Debía haber habilitado, a través de una Ley que desarrollase lo establecido en el Estatuto de Gernika, unos procedimientos que facilitasen la participación consultiva de los ciudadanos, que no debe confundirse con los procedimientos de referéndum para ratificar determinados acuerdos políticos.

Hacer una ley ad hoc o ad casum, habilitando un procedimiento para un contenido de preguntas precisas y limitadas preestablecidas por este u otro Gobierno, equivale, de hecho, a constreñir la posibilidad de libre participación de los ciudadanos que deseen introducir otras preguntas en la consulta que se plantee. Es de desear que próximamente sea posible un acuerdo en sede parlamentaria sobre este particular, salvando la libertad ciudadana a preguntar en público a los conciudadanos, quienes, a su vez, ejerceríamos la libertad de no contestar o de contestar a favor o en contra.

Centrándonos, en el caso que nos ocupa, en las dos proposiciones sobre las que el Gobierno Vasco quiere preguntar en la consulta considero relevante destacar lo que en ellos se indica que no debe hacerse si queremos avanzar por la senda democrática y por qué es importante tomar posición sobre los contenidos en ellas planteados.

Existe la necesidad urgente de clarificar si los ciudadanos vascos y, de manera particular, los identificados nacionalmente como vascos, amparan o condenan la lucha armada (con crímenes, atentados y persecución terrorista) que ETA practica, enarbolando la enseña vasca, como si representase al Pueblo Vasco.

Esta cuestión es importante tanto interna como externamente desde un punto de vista democrático. El Lehendakari Ibarretxe ha afirmado que “ETA es el mayor enemigo, el obstáculo más grande para que el Pueblo Vasco haga su camino”. Y, sin embargo, el PP y, también, el PSOE atacan al Lehendakari como cómplice de la estrategia de ETA. Esta opinión es la que impera en el mundo occidental por la amplia campaña al alimón de los aparatos de los Estados de España y Francia, de un lado, y de la propia ETA que se autopresenta como defensora de la causa vasca, del otro.

En este contexto es importante poner a ETA, al PP y al PSOE donde les corresponde, para lo que puede ser útil la pregunta primera de la consulta, que, de interpretarse tomando en su conjunto lo manifestado en sede parlamentaria por el Lehendakari del Gobierno proponente, significa:

a. que la sociedad vasca le niega a ETA toda legitimidad para negociar nada en nombre del Pueblo Vasco como no sea su autodisolución a la que, en su caso, seguiría el final dialogado de quienes se hallan cumpliendo condenas y viviendo irregularmente debido a su implicación en actos de terror;

b. que la sociedad vasca no acepta, por tanto, ninguna decisión de ninguna autoridad que negociase nada con ETA como no sea lo anteriormente dicho; y, en consecuencia, exige a las autoridades que le representan el respeto riguroso a dicha posición.

La segunda proposición de la consulta está justificada por la necesidad de clarificar si la sociedad vasca está de acuerdo con el inicio de un nuevo proceso deliberativo para corregir la situación actual de incumplimiento del Estatuto de Gernika por parte del Estado y su negativa a corregir tal proceder, como hubiese sido de rigor desde la bilateralidad no subordinada, en la que se sustenta el pacto del Estatuto de Gernika.

Esta pregunta completa la primera desde un punto de vista democrático. Hay que denunciar el incumplimiento del Estatuto de Gernika (por invasión unilateral con Leyes Básicas laminadoras y omisión intencionada de transferencias pospuestas sine die después de 28 años), abogando por una solución radical que garantice la biletaralidad no subordinada, lo que exige respetar lo libremente pactado con amparo institucional suficiente para obligar a ello.

Para el desarrollo positivo de las instituciones vascas en la época moderna, resultó trascendental la integración popular eficiente tanto en la lucha contra los desmanes terroristas de los Parientes Mayores, así como en la salvaguarda del principio de negarse a aceptar como voluntad propiamente vasca, la que unilateralmente quisiesen imponer las autoridades de los Reinos a los que se hallaban vinculados los territorios vascos, aplicando el “ pase foral” en Bizkaia, el “derecho de sobrecarta en Navarra” o el “uso” en Gipuzkoa.

La consulta debe ser una herramienta más para recuperar la savia de una nueva integración popular que sea eficiente contra ETA y contra el nuevo cesarismo, favoreciendo así el ejercicio de una libertad más plena y de una solidaridad mayor en nuestros diferentes ámbitos comunitarios.

Dame pan y llámame tonto

Dame pan y llámame tonto

Mariano Ferrer

Una vez que EHAK nos privó de la incertidumbre del resultado, el Pleno de Vitoria no parecía tener otro interés que el anunciado voto dividido de Ezker Abertzaleak les hacía tomar la palabra con quienes con quienes estaban a favor o en contra del proyecto de ley de consulta (lo hicieron con quienes estaban en contra), si María San Gil subía a la tribunta (no lo hizo, y las cámaras recogieron su actitud de profundo abatimiento), y evaluar el progreso de Patxi López en su pose de candidato a Lehendakari (estuvo suelto, con buen manejo de la retórica y un más que correcto inicio en euskera).

Sin embargo, la sesión misma resultó más larga y más interesante de lo anticipado. Fue también un pequeño galimatías, tanto en los votos emitidos como en los argumentos. Así, PNV, EA, EB y Aralar votaron SI a la ley de consulta para votar que SI a la iniciativa negociadora que la impulsaba; PP votó que NO a la ley y a la iniciativa; PSE votó que NO a la ley y la iniciativa para votar que SI al diálogo, al acuerdo y a la convivencia, y Ezker Abertzaleak votó que SI a la ley diciendo que NO a la iniciativa que la sustenta. Y a la hora de los argumentos, mientras PP y PSE adujeron para decir que NO que la iniciativa ponía patas arriba el ordenamiento jurídico, EHAK sostuvo que suponía someterse a ese ordenamiento; y mientras el tripartito justificaba el SI para abrir la puerta al derecho a decidir, EHAK lo hacía para demostrar que no se puede abrir esa puerta.

Lo más interesante del debate fue la contraposición entre legalidad (el ordenamiento prohibe la consulta) y democracia (que la debiera permitir); la constatación de que los proponentes de la iniciativa no han sabido transmitir su sentido a la ciudadanía de la forma que lo hicieron en el Pleno (¿estaban suficientemente convencidos cuando le dieron curso?), y los dos planos tan diferentes en que se ha desarrollado el debate (lo que el texto de las preguntas dice y la intención política que cada uno le atribuye, dar la palabra a la ciudadanía o introducir en el ordenamiento jurídico el ámbito vasco de decisión). La principal carencia de la sesión fue que PSE y PP no se vieran apremiados a declarar cuál es, aparte de rechazar la consulta, su posición respecto de las preguntas.

Al final, las cosas siguen como estaban, con los partidos bloqueados en torno a la existencia, naturaleza y solución del conflicto político vasco, y abocados, dada la decisión del Gobierno español de bloquear la consulta, a dar la palabra a los ciudadanos en una convocatoria electoral ordinaria para establezcan una nueva relación de fuerzas desde la que retomar el debate.

Desde este punto de vista disiento de que la decisión de EHAK de dar paso a la ley haya sido la más dañina para el PNV o el Lehendakari. Se argumenta que es humillante para el Lehendakari recibir el voto decisivo de quienes rechazan su iniciativa. Lo humillante hubiera sido que el proyecto en torno al que ha construido toda la Legislatura hubiera sido rechazado no en Madrid sino en su propio Parlamento. Ibarretxe hubiera tenido que dimitir y el PNV un problema de mil pares. Dame pan y llámame tonto. Ahora el Lehendakari tiene la manija de las elecciones, y el PNV tiene la oportunidad de construir un discurso que conjugue su apuesta por el derecho a decidir con su defensa de la Lehendakaritza. ¿Que qué van a hacer para mantener abierta la puerta a la decisión de los vascos? Pues eso, tratar de ganar las elecciones.