Bienvenido, mister Barak Obama

Bienvenido, míster Obama
Patxi X. Lasa

La elección de Barack Obama como presidente de los EEUU debemos considerarla, sin ningún género de dudas, como un hecho político transcendental y de enorme repercusión para el futuro de la ciudadanía norteamericana así como para gran parte del mundo.

Transcendental y de enorme repercusión no porque Barack Obama sea un peligroso izquierdista, que no lo es, o porque pretenda un cambio inmediato y radical del actual modelo político y económico, que tampoco lo ha dicho ni hará, sino sobre todo, por el tiempo y la forma en que se ha producido su victoria y por la esperanza e ilusión social que ha generado su mensaje de cambio en la parte más desfavorecida de la sociedad y que en el futuro puede posibilitar una mayor presión y una mayor profundización en la transformación y avances sociales que necesita la sociedad norteamericana.

Debemos recordar, en primer lugar, que el destino de millones de personas que viven tanto dentro como fuera de los EEUU están y van seguir estando, en los próximos años, en manos de los que toman las decisiones en EEUU, por lo que la elección de Barack Obama pone fin y alivio a casi una década de gobierno de la administración de George Bush, un administración déspota e imperialista que será recordada en el ejercicio de su quehacer político como uno de las administraciones más sangrientas, ultraconservadoras y antisociales de la historia reciente.

En segundo lugar, señalar que la candidatura y posterior victoria de Barack Obama, primer presidente “no blanco” de los EEUU, ha sido posible gracias a una movilización y a una participación ciudadana sin precedentes en los últimos años, que ha dado como resultado una participación electoral histórica de los que nunca votan y que solo ha sido posible gracias al apoyo expreso y mayoritario de la comunidad afroamericana (90 % de apoyos), de los hispanos (70 % de apoyos) y de una amplia mayoría de la juventud y de la clase trabajadora, en definitiva, de la mayoría de la sociedad civil norteamericana.

También creo que es necesario dejar constancia y en tener lugar, que la victoria de Barack Obama es la victoria de muchos americanos y americanas que desde hace decenas de años han luchado y trabajado por la igualdad y el respeto a los derechos humanos en los EEUU; de muchos de los que día a día han luchado y seguirán trabajando en sus comunidades por acceder una sanidad pública de calidad que les posibilite una mayor esperanza de vida (32 millones de norteamericanos/as no llegan a los 60 años); de muchos de los que aspiran y traban por una vida digna y confortable (45 millones viven bajo el nivel de pobreza) o de los que reivindican y trabajan por una educación accesible (52 millones de norteamericanos/as son analfabetos); la victoria de Barack Obama es la victoria de los que han trabajado y sin duda seguirán trabajando en los próximos años para que las relaciones entre los países se fundamenten en el respeto, la solidaridad y el entendimiento entre naciones, compuesta por hombres libres, en paz y sin violencia.

Por último, reconocer que el discurso y los mensajes electorales de Barack Obama han estado cargados de propuestas claramente progresistas: su convicción en la necesidad de reordenar las prioridades de los fondos públicos y comprometer a las instituciones públicas en la atención de las necesidades de la sociedad por encima de los intereses del gran capital; sus críticas a los excesos del neoliberalismo y de la especulación financiera; su compromiso a retirar las tropas de Irak en el año 2.010; su énfasis en la necesidad de privilegiar el diálogo por encima de las medidas de fuerza; su apuesta por la eliminación de las armas nucleares; la posibilidad de poner fin al embargo y cerco de Cuba y a clausurar la prisión de Guantánamo; su compromiso en la lucha contra el hambre, la pobreza y la enfermedad en todo el mundo y un largo etcétera hacen pensar que sin esperar cambios radicales en el ejercicio del poder de los EEUU, con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, sería injusto no reconocer las marcadas y positivas diferencias políticas y humanas entre el triunfador de los comicios norteamericanos y sus predecesores, particularmente con Ronald Reagan y George Bush.

A su favor su energía, su estilo, su capacidad de comunicación y de generar una posición mayoritaria en la sociedad norteamericana a favor de la esperanza, del cambio y del entendimiento entre los pueblos en la búsqueda y construcción de un mundo mejor y más estable.

En su contra esa inevitable prepotencia y complejo de superioridad que todo norteamericano parece tener, que también ha aparecido en alguno de sus discursos, pero sobre todo, la radical oposición que va a sufrir por parte de los poderes económicos más neoliberales y lobis de presión ultraconservadores de los EEUU.

A corto plazo dos asuntos van a ser claves para una mayor evaluación y credibilidad de sus posiciones y de su acción política, por una parte, la posición que finalmente tome EEUU en las guerras de Irak y Afganistán, y por otra el contenido real de las medidas económicas y sociales que tendrá que poner en marcha ante la grave crisis que vive y padece la sociedad norteamericana.

Mientras tanto, y pese a mí relativo pesimismo sobre la condición humana y su capacidad de autodestrucción, en este mundo tan lleno de incertidumbres estoy seguro que somos muchos los hombres y mujeres progresistas y de izquierda a los que nos gustaría ver a EEUU compartiendo problemas y arrimando el hombro.

La posición, los instrumentos y los recursos con los que va a contar Barak Obama para sumarse y trabajar por una transformación global a favor de la mayoría y por mundo más sostenible son extraordinarios y en cualquier caso que EEUU se humanice es esperanzador para todos, la oportunidad de Barack Obama para posibilitar otro mundo posible, es inmejorable. El tiempo lo dirá y actuaremos en consecuencia, mientras tanto y no demuestre lo contrario, bienvenido, míster Barack Obama.

Crisis, la conjura de los necios

Crisis, la conjura de los necios
Manuel Velasco

Crisis, palabra que hoy de todas y todos está en boca, vocablo que esconde un burdo engaño. Crisis es un punto de transmisión del mecanismo económico que se acciona por ciclos a lo largo de nuestra historia industrial, componente que, lejos de derrumbar, SOSTIENE al sistema capitalista.

Nuestros magnates descubrieron hace ya mucho tiempo que, en épocas de pleno empleo, cuando se respetaba el equilibrio de una producción bajo demanda, de consumo ajustado a necesidades relativamente naturales, la clase trabajadora, sin miedo al despido, sin temor a que otros competidores usurparan empleos bajo condiciones menos dignas movidos por la necesidad, ganaba terreno en salario y derechos, armonizando un reparto más justo de la riqueza, al que se deben conquistas como la sanidad y la educación, pensiones de jubilación, prestación por desempleo, cobertura de bajas laborales…

Estas victorias de la clase trabajadora suponían para la troupe acaudalada una moderada deducción de las plusvalías empresariales, algo inaceptable para un modelo basado en las ganancias y la acumulación de capitales que, bajo el punto de vista de sus teóricos, paraliza la economía y la productividad, llegando a considerar a las personas trabajadoras como aquellas susceptibles de chupar del bote, siendo la viceversa para la clase empresarial y financiera, definiéndola como aquella dispuesta a poner en riesgo sus activos, gente emprendedora que son el auténtico motor de la sociedad y el progreso.

Pues se equivocan. Nuestro nivel de progreso material, insostenible en términos humanos y medioambientales, se debe por desgracia al proletariado. De toda la vida el trabajador ha mantenido al patrón, ténganlo en cuenta. Se trata pues, de que parezca lo contrario. Provocar una guerra encubierta no declarada en aras de justificar lo injustificable. Y qué mejor que una crisis para armarla del fetén. Toda guerra pues, necesita un ejército. Eso es, un ejército de parados, que ya ha reclutado en el Estado a más del 12 % de la población activa y sigue tal que así, y así procede infiltrar e instruir al enemigo en casa, una guerra civil, jugada magistral. Con recortes sociales y despido barato el miedo a la exclusión asoma y nos degrada como personas que competimos con el prójimo por ver quien se prostituye más. Por eso tan sabido es, que a menudo el perro, amén de ser sumiso, tiene que parecerse al dueño. Fue por ello que triunfaron los sindicatos de servicios, el “responsable” y “sano” espíritu de concertación y todas esas pamplinas, medallas de Navarra y elefantíacas subvenciones, toda una ofensa al buen gusto y la decencia cuando vemos los lamentables resultados, como diría el genial Ignatius Reilly, faltos de teología y geometría, donde la precariedad es una metástasis que se propaga por doquier, desplazando con ello a los sectores más vulnerables de la sociedad a niveles de supervivencia extrema, entre los que cabe recalcar a inmigrantes, mujeres y jóvenes, así como a los señores Don José María Fidalgo y Don Cándido Méndez, incluidos este par sin par por error tipográfico.

Nuestro sistema de producción y mercado, en continua evolución basada en procesos de racionalización irracional, se muestra mucho más eficiente en términos de resistencia sobrehumana al trabahard que otras fórmulas hoy más en desuso como el feudalismo o la esclavitud. Estos modelos obsoletos de servidumbre adolecen de “concesiones” como la posibilidad de una alimentación sana que concede el salario, o el amparo de una sanidad pública, que otorga salud de resistencia laboral, sanidad pública que, dicho sea de paso, por renovados ideales mercantilistas, está tocando a su fin con la Directiva Bolkestein, aplicando una vez más la receta del ¿Dios aprieta pero no ahoga?, pues habría que ver entonces al buen Jesús cómo se las compone para caminar sobre el agua al cuello, sirva esta parábola para avisar del próximo desmantelamiento de los servicios públicos que planea la Unión Europea.

Decía antes de la digresión, que la crisis es un mecanismo que sostiene al sistema capitalista. Se trata de sobreproducir y fomentar el hiper-consumismo (la clase media asalariada ha sido una víctima hipotecada por un modo de vida ficticio durante los últimos años), que parezca que existe demanda y obtener así variaciones al alza en los valores de las materias con los que especular, y si explota, que ya lo sabían, no importa, que ya arreglaremos cuentas con los más desfavorecidos, con la inestimable ayuda de los gobiernos electoralmente subvencionados, cogidos por los güevos, demostrando que fue antes la cobarde gallina que el huevo, antes la sumisión que el embrión del cambio, donando fondos públicos a la banca en cantidades gastronómicas, mientras millones de personas se mueren de hambre en el mundo. Eso es, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el Protocolo de Kyoto llevan estancados tiempo ha, teniendo por sombrío contraste cómo se suceden a velocidad de vértigo conferencias a tutiplé para salvar sus culos. A nadie ya le choca pues que nuestro Zetaprogre sea uno de ellos, ese que ahora pugna por una butaca en la Cumbre del G20 para impartir clases de socialismo, palabras que cada vez que escucho de su boca, siento que se me cierra la válvula pilórica.

Lo de la contribución estatal al sector financiero entraña una extraña coexistencia de conceptos. El liberalismo globalizador, quien se opone al intervencionismo del Estado porque entorpece los movimientos de su libre mercado, ahora pide que participe con dinero público en términos de concesión de avales y adquisición de activos. Se puede entender mejor de una manera más simple: Doña Blanca, trabajadora que necesita dinero para acceder a una vivienda, se acerca al banco para solicitar un préstamo. Don Emilio, el señor de la entidad de crédito, que no se fía de ella, no le concede la hipoteca, y es quien de rebote le pide otro préstamo mucho más gordo a Doña Blanca y al resto de contribuyentes, que sí se lo otorgamos, aunque no nos fiemos tampoco de ellos, visto el sancocho que han montao. Así, Don Emilio, el diablillo de SATANDER, se pone las botas, buen botín para Emilín y sus coleguillas de la banca, que saquean a mares como Piratas del Caribe.

Lo peor de esta trama es que cada vez sorprenda menos que partidos o coaliciones de “izquierdas” asuman y regalen su voto delegado a favor de estas medidas, como es el caso de NaBai. Que no se sorprendan pues, de seguir así, surcando a favor del viento, del naufragio que les espera cuando se vean a ojos de su electorado a culo pajarero, con las nalgas al descubierto, mostrando ese pseudo-clientelismo de chichinabo. El modelo económico neoliberal se valora como el único en la lógica de la democracia partidista, no hay opción fuera de él. Estamos acostumbrados a ver grandes plantes, rupturas y debates dentro de los partidos en torno a concepciones territoriales, estatutos autonómicos, consultas y financiación, pero nada de esto se da cuando lo que está en juego es la misma raíz del actual orden de las cosas. Así, sólo cabe esperar el abordaje y entregarles el cofre a los piratas.


El mund OBAMA l

El mund OBAMA l

Que algo cambie para que todo siga igual, alternancia en el poder ... Son viejas fórmulas ya utilizadas para revestir la imposición de un pequeño halo de democracia, sobre todo en los regímenes occidentales. A pesar de que en estas latitudes la ciudadanía cada vez lo es un poco menos, de que se encuentra más lejos de los centros de toma de decisión, de que los programas electorales que le dan a elegir son casi clónicos en lo fundamental y de que las cosas van cada día un poco peor en lo que se refiere a vivienda, servicios públicos, pensiones, condiciones de trabajo, etc; se empeñan en hablar de la grandeza de esta democracia, fuente de libertad y prosperidad.

Si nos situamos en la llamada “democracia más antigua del mundo”, la de los EEUU, la cosa toma los tonos más extremos. La inmediatez de lo mediático, la necesidad de grandes capitales mecénicos y la mercadotecnia en la política-producto, marcan las campañas electorales y por lo que se ve, también el sentido del voto. Todo el mundo parece saber que obtenga la victoria un partido u otro, los ejes de la política, tanto interior como internacional de este país, variarán muy poco. De ahí que la victoria de Obama parezca algo cantado y aceptado incluso por el partido de G. W. Bush. Es como si a los republicanos les hiciera falta que alguien ponga fin a los desmanes más atroces que han cometido y lleve a cabo el cierre de Guantánamo o la retirada de las tropas de Irak, ya que ellos no pudiendo asumir tal retroceso en sus posturas tampoco pueden defender su continuidad en la práctica. Después de tantos años en el poder, tal vez ya tengan todos los negocios hechos y ahora toque llamar al cambio para que se “democratice” todo esto.

Cuanto más se acerca la fecha de los comicios más moderación muestra Obama, aunque no deje de ser curioso que cuando el candidato resulta ser más tolerante con la guerra o con la pena de muerte, lo que observamos es tibieza política en lugar de un peligrosísimo extremismo. Barack, que renunció a la financiación pública de su campaña para poder aceder a mayores ingresos privados, anuncia por un lado su cercanía a Israel. Sus críticas a Irán hacen que un futuro escenario de guerra sea creíble. Reitera la conveniencia de la continuidad del embargo a Cuba. Ha apoyado junto a su opositor Mc Cain, sin fisuras, el plan de G. W. Bush para salvar del abismo al capitalismo especulativo más voraz. Por otro lado, no convence a la comunidad negra organizada que ve en el color de su piel algo casual y no un negro esperanza. Se abren muchos interrogantes: ¿Qué ocurrirá con la sanidad y la educacón?, ¿qué modelo de energía prevalecerá?, ¿qué política armamentística, de fronteras y penitenciaria defenderá?, ¿qué papel jugará la CIA?. Ni el más ingénuo desconoce las respuestas.

Realmente, debemos desconfiar de cualquier cambio social que no venga de la mano de mayores cotas de organización, control y compromiso populares, pero qué vamos a contar si por estas tierras sabemos de sobra cómo funciona esto del cambio tranquilo: reformas progre-estéticas y profundización neoliberal. No obstante y por si queda alguna duda, ZP está tratando de dejar claro que Obama es su hombre en EEUU, inestimable aval de su talante. Con su insistencia, tal vez nos logre convencer, en plan ZP de la Calzada, de que Al Gore es algorrr, pecadorrrrr!!.


Colectivo Malatextos

Escoltas, Justicia y cintas de video

ESCOLTAS, JUSTICIA Y CINTAS DE VIDEO. (Original incluidas aportaciones Iñaki, Urtasun y Txema)


¿Cuál creéis que sería el resultado penal de salir a la calle armado, comenzar un tiroteo y herir a dos personas? Pues se ve que si eres escolta, el resultado es de libertad sin fianza, por más que existan grabaciones hechas por cámaras de seguridad que demuestran, cómo tú comenzaste el tiroteo tras una discusión. Y es que ya se sabe que este tipo de individuos, hombres y mujeres de acción al más puro estilo far-west pero de modales exquisitos y humildad aparente, tiene el equilibrio y el carácter necesario para ir armados por nuestras calles. ¿Los tienen?

Hay quienes creemos que no, y manejamos la teoría de que es una forma de ganar una cantidad de dinero, que atendiendo a la preparación y curriculum de los aspirantes a escolta, sería imposible de conseguir a través de un proceso de oposición, por poco exigente que éste fuera. Hablamos de 3000-4000 euros al mes. ¿Hay alguna persona con estudios universitarios en la sala que alcance estas cantidades? Nosotros al menos ni de lejos… Les gusta vivir bien pero sin mucho esfuerzo, y ésta es una buena salida, si las pruebas para convertirse en “hombre de la ley”, el color del uniforme es lo de menos, no han salido todo lo bien que ellos esperaban. El riesgo real al que se enfrentan, al menos para su esquema mental, es perfectamente asumible y porque no decirlo, les encanta ir armados y que tú, al cruzarte con ellos por la calle, lo sepas.

¿Se podría decir que están hechos de otra pasta o que son héroes anónimos que entregan su vida por la libertad y la democracia? Para muchas personas la respuesta es un no rotundo. Se les ha otorgado un poder que escapa a su capacidad de gestionarlo; pero lo peor de todo esto, es que disfrutan de una impunidad que los hace mucho más peligrosos si cabe. Te dicen por donde puedes pasar; te miran con recelo o con soberbia en función de la situación y, sobre todo te hacen saber a cada momento que son más que tú. Estudios estadísticos han demostrado cómo una persona habituada a llevar armas, desarrolla más instintos agresivos y comete más delitos que otra no habituada; también dejaban patente que el nivel de delitos en ese tipo de “profesiones” es más elevado que en otras. Y es que, Evaristo ya puso música a un pensamiento popular, en su tema “Underdog,”: “[…] ponle una gorra a un tonto...”. Pues eso!!

el morbo del Aberri Eguna

El morbo del Alderdi Eguna
Mariano Ferrer

Pasó el aniversario del 11-S y trajo novedades: la zona cero de Estados Unidos es ahora Wall Street, los bomberos son los jefes de la Reserva Federal, y a los que han hecho temblar los cimientos del capitalismo americano, en vez de mandarles los marines como a Bin Laden, les compran la deuda con el dinero de los contribuyentes. Así las cosas, escribe Ash Garton que los americanos apenas hablan ya de la guerra contra el terror, pero nosotros repartimos el tiempo entre las noticias sobre la crisis económica y las sentencias del T.S y de la A.N.
Esta semana acarreaba dos asuntos de la anterior: la sentencia del T.C. sobre la ley de Consulta y la de la Corte de Luxemburgo sobre el Concierto. Con el viento ya decididamente en contra, el Lehendakari sigue tirando del pelotón pero el PNV apenas disimula que no disputa la etapa de la consulta. La preocupación de ahora es el bienestar de los vascos, ha dicho Urkullu retomando aquella apuesta del Arriaga por el nacionalismo del bienestar que hizo años ha un Arzalluz que ahora, ironías de la política, habla en la radio de volver a las barricadas. A lo dicho por Urkullu añadió Erkoreka el epitafio: la consulta es una idea original que no ha tenido recorrido.
Roma locuta, causa finita, pero me niego a enterrar la consulta sin recoger un pensamiento de Pello Salaburu: ha triunfado la ley más que la democracia, porque un sistema democrático es perfectamente compatible con una legislación que permita realizar consultas. Lo que queda pendiente, y no es cuestión menor, es la influencia que los criterios expuestos por el T.C. vaya a tener en su decisión sobre el recurso contra el Estatut catalán. Frente al argumento de Miguel Roca en “La Vanguardia” de que lo establecido sobre la consulta de Ibarretxe no puede ser un precedente para el Estatut que “obtuvo mayoría abrumadora en el Parlamente, fue ratificado en las Cortes y aprobado por referéndum en Cataluña”, Miguel Angel Aguilar opina en “El País” que hará falta un encaje de bolillos para que algunas de las afirmaciones del Estatut pudieran pasar las líneas rojas que acaba de trazar por unanimidad el TC.
La decisión de Estrasburgo sobre el Concierto, que a la larga puede ser más importante que la del T.C. sobre la consulta, ha dado en cambio poco juego. En España se acata sin entusiasmo; el respeto a lo legislado se conjuga con la sensación de que el Concierto es un chollo a revisar, y habrá que ver de qué manera evoluciona. De momento, Solbes ha frenado la pretensión de blindarlo: tiene problemas jurídicos, dice. Las que sí se cumplen ipso facto son las sentencias que ponen a ANV y EHAK fuera de la ley, y la que define a Gestoras como organización terrorista. Estaba cantado, proclaman; se ha demostrado la superioridad del Estado de Derecho, Rubalcaba dixit. Depende, claro, de la idea que uno tenga del Estado de Derecho.
Hago mío el reparo de Elorrieta ante la manifiesta indefensión de los acusados en unos procesos judiciales para nada inmunes a la arbitrariedad. La ley de Partidos que ha servido para ilegalizar, en serie y a la carrera, las marcas de la izquierda abertzale, es un comodín que permite trazar la raya de la legalidad “según conviene a la jugada” (lo de ANV y EHAK atufa a rebote de un Zapatero despechado que se la tiene jurada a quienes le dejaron colgado de la brocha en la T-4), y la asunción por parte de la Audiencia Nacional de la tesis garzonita --todo es ETA y para derrotarla es preciso desarticular todas las organizaciones que se sitúan en su onda ideológica de confrontación con el estado-- da vía libre para soslayar que el Código Penal exige pruebas fehacientes individualizadas del delito para una sentencia condenatoria. Los dirigentes de Gestoras han sido condenados por serlo, la Audiencia sumerge en el colectivo estigmatizado a las personas individuales, extiende a límites inverosímiles el concepto de terrorismo desarmado, y no se molesta en especificar quién, cuándo y dónde ha cometido cada persona los delitos atribuidos a la organización. La izquierda abertzale emplaza a la sociedad a reaccionar, pero temo que nuestra historia reciente demuestra que a falta de reciprocidad, la solidaridad invocada se atrofia en la indiferencia.
Y el domingo que viene, Alderdi Eguna. La prensa, con Vocento a la cabeza, presiona para que el PNV cambie de cabeza de cartel electoral con un reguero de noticias que reflejan la incomodidad del partido con los errores de bulto en la gestión de la consulta. Ignacio Arregui escribe que nada hay más trágico para un partido nacionalista que hacer imposible la nación con planteamientos radicales e infantiles que lo que hacen es dividirla. José Luis Zubizarreta da a entender que la gestión de Ibarretxe ha llevado a la ciudadanía del entusiasmo al aburrimiento, y que está a un paso de transformar su hartazgo en pulsión efectiva de cambio.
El último discurso formal de Urkullu no cimentó desde luego el suelo de Ibarretxe. El País entendió que su continuidad es ahora un debate abierto, y Gara que no sólo quedaba en el aire Ibarretxe sino también la ponencia política aprobada en la última Asamblea. La ponencia señala como objetivo del PNV un marco que recoja en sus textos políticos básicos el derecho pleno del Pueblo Vasco a decidir su futuro. Urkullu dijo, en cambio, que el objetivo fundamental es conseguir las mayores cotas de autogobierno posible. Al presidente del EBB le ha molestado que “Gara” precisara que en su largo discurso no hizo una sola mención al derecho a decidir. Es cierto que no lo hizo, pero habló de “ser dueños del propio destino”, “que nadie nos impida nada” y que “no renuncia a los principios que amparaban la Ley de Consulta”. El propio Ibarretxe le echó un capote: hay sintonía entre el mensaje político de Urkullu y el suyo propio porque ambos reclaman mayor autogobierno para vivir mejor, lo que implica el derecho a decidir. Que nadie busque tres pies al gato.
Convincente o no, las dudas se acrecientan al haber incluido Urkullu al Lehendakari como uno más en la designación de candidatos (“nos gusta consultar a quienes están al frente de las instituciones, ver si se sienten con fuerzas”) y señalar que, además del candidato, es importante el proyecto que presenta el PNV que no contempla arriesgar el futuro con costosas apuestas. Ibarretxe pareció adelantarle la respuesta al día siguiente en Euskadi Irratia: dijo que sigue “ilusioz beteta”. A pregunta pública, pública respuesta, apostilló Arzalluz, pero añadió: veremos en el Aberri Eguna qué preguntas y qué respuestas hay. Por eso, el Alderdi Eguna del próximo domingo es una cita con morbo. No es probable que nos saque de dudas, pero será un buen termómetro para calibrar la sintonía del EBB con el Lehendakari, y de la militancia con ambos.

Mariano Ferrer

De cabeza a la consulta... electoral

De cabeza a la consulta... electoral
Mariano Ferrer

Pensaba esta semana en el cúmulo de actos fallidos que se han dado en este comienzo de curso y que, a modo de cohetes de feria, les han estallado en la mano a quienes los han querido encender: Ibarretxe y su denuncia en Estrasburgo a cuenta de la consulta, Corbacho y los contratos de emigrantes en origen, Sanz y su amago de pactar los presupuestos con el PSOE, Zapatero y su comparecencia en el Congreso sobre la crisis económica, entre otros. En esas estaba cuando, casi a la vez, han llegado la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la Ley de Consulta y la de la Corte de Luxemburgo sobre el Concierto Económico. Así que los actos fallidos pueden esperar, porque habrá más.
Una primera reflexión sobre las sentencias tiene que ver, inevitablemente con la judicialización de la política dado el sinnúmero de cuestiones políticas que acaban en los tribunales. O el sistema tiene demasiados cabos sueltos, o los políticos no saben resolver los problemas de fondo. Arzalluz decía en Herri Irratia a propósito de la resistencia del Gobierno a blindar el Concierto, que al poder central no le interesa cerrar determinados temas para tener hilos a los que agarrarse y, dependiendo de la coyuntura, dar o quitar. Pero esta incursión de los tribunales en cuestiones de soberanía política y fiscal tiene otro ángulo interesante. Dejan en evidencia que la pretension de encajonar el poder soberano en un único emplazamiento responde a un concepto arcaico por más que el Tribunal Constitucional parezca hacerlo suyo. La soberanía es hoy compartida y repartida; se ejerce desde ámbitos plurales, y nunca de manera definitiva. Es una cuestión abierta en función de la evolución de la sociedad y de la relación de fuerzas. Algo obvio por otra parte, se mire a Quebec, la antigua Yugoslavia, Osetia o Euskadi.
Es significativa la forma en que la prensa ha reflejado las dos sentencias que nos ocupan. Unos medios llevaban a su principal titular la decisión histórica del T.C. “que tumba la Ley de Consulta de Ibarretxe”; otros la decisión histórica de Estrasburgo “que respalda la autonomía fiscal vasca”. Aconsejo relativizar la historicidad de ambas decisiones: la historia no se detiene y, en tanto que los pueblos y las naciones son seres vivos, nunca se escribe el último capitulo.
Cantado como estaba que no iba a haber consulta el 25-O, el interés estaba en los argumentos del T.C. Las 35 páginas del texto no aconsejan un análisis precipitado y parece prudente esperar a que personas más doctas en derecho constitucional nos ilustren sobre sus implicaciones. Sólo, un par de apuntes .
El T.C. no ha querido simplemente “tumbar” la consulta con el recurso a una interpretación literal y restrictiva de la regulación legal del referéndum. Ha aprovechado el viaje para apuntalar criterios y zanjar la cuestión del ejercicio de la soberanía en España. Y para hacerlo se ha deslizado, más allá del ámbito estrictamente jurídico, a una interpretación política de la iniciativa del Lehendakari que va más allá de lo que el propio texto de la Ley de Consulta “literalmente” dice. Como dice Onega, el T.C. declara ilegal “toda consulta que suene a autodeterminación” Rechaza así no sólo la consulta misma, sino la intención política que le atribuye de abrir un proceso de revisión del marco constitucional vigente de manera subrepticia, esto es, constituyendo a Euskadi, a través de la consulta, en sujeto político separado del sujeto político español. Fuera ésa o no la intención del Lehendakari, no es eso lo que la Ley de Consulta pone sobre la mesa y tampoco parece que el cometido del T.C. sea enjuiciar intenciones.
El T.C. tenía la oportunidad de abrir el concepto de la democracia participativa con una interpretación creativa de la Constitución, pero ha optado por la más restrictiva. Me permitirá el lector que exprese mi sana envidia de la actitud tan distinta del Tribunal Supremo de Canadá en el referéndum de Quebec. Ante las aspiraciones enfrentadas que tenía que conjugar con el texto constitucional de Canadá echó mano, para tratar de dar cauce a la expresión de la voluntad popular, de criterios democráticos anteriores y superiores al propio ordenamiento jurídico vigente y abrirlo así a una interpretación expansiva..
Si el T.C. ha dado la de cal, Estrasburgo nos ha dado, al parecer, la de arena. Reconoce que nuestra capacidad de actuación fiscal diferenciada es, en teoría, compatible con la normativa europea, y remite para su convalidación en la práctica a los tribunales españoles, en primer lugar al Superior Vasco, para que determinen si en el caso concreto se cumplen tanto la normativa comunitaria como la propia del Concierto Económico, y vigilen que no haya ayudas de Estado de hecho a través de transferencias compensatorias del Estado escondidas en la estimación del cupo.
Quienes fueron a Luxemburgo con la esperanza de tumbar el Concierto han salido trasquilados, pero eso no garantiza a nuestro régimen fiscal un camino de rosas. Su ejercicio dista de estar blindado, ni ante futuros recursos a los tribunales --la Rioja ya ha anunciado el siguiente--, ni ante una opinión pública española muy sensibilizada por el “agravio comparativo” que supone nuestra privilegiada situación a la hora del gasto público. La crisis y la insistencia de que somos la Comunidad Autónoma, entre las de mayor renta, que menos contribuye a la solidaridad interterritorial, tampoco nos granjean simpatías. Cataluña, que ya reclamaba un Concierto, puede hacerlo más abiertamente ahora que Europa lo convalida como régimen fiscal compatible. De sobra sabemos que el espíritu de emulación entre las Comunidades Autónomas es contagioso, por lo que el Estado se cuidará de acotar más que de ampliar la interpretación de nuestra autonomía fiscal.
Quizás por eso nos llueven ya consejos apremiantes para que no se nos suba la sentencia de Luxemburgo a la cabeza, y hagamos del Concierto un uso moderado, sin intentar apurar sus límites. No sé si con estos consejos, viniendo de quienes vienen, tratan también de acotar de antemano el discurso electoral del Lehendakari y evitar que presuma, ante el empeoramiento de la crisis en España, de la mejor situación relativa de Euskadi que no sería tanto mérito del Gobierno cuanto del Concierto.
También de la sentencia de Estrasburgo extraen un recado para “la obstinación” del Lehendakari con la consulta: demuestra que podemos acudir a Europa “cuando tenemos caso”. Lo que “evidentemente” no ocurre con la consulta. Que pronostiquen el menosprecio europeo a la denuncia vasca no impide que Madrid blanda la sentencia del T.C. para animar a que Ibarretxe y el PNV la paguen también aquí. ABC arengaba el viernes a que “cancelada la consulta”, ahora toca una acción política que penalice al PNV en las urnas por su deslealtad permanente hacia el Estado. Parece que esa consulta si les gusta, y dictarnos la respuesta todavía más.

Oveja negra

Oveja (negra) que bala:
Pepe Romero. Colectivo Malatextos

Amadeu Casellas lleva más de 22 años en la cárcel por haber expropiado durante los años 70 y 80 en distintos bancos un dinero que siempre puso a disposición de trabajadores organizados en peleas sindicales. Ahora se encuentra pagando por ello una concatenación de condenas que, a todos los efectos, supone cadena perpetua, ya que ni el tercer grado le otorgan. Para exigir esto último o la refundición de condenas, que significaría su puesta en libertad, ha decidido ser oveja (negra) que bala (denuncia) a costa de perder el bocado, es decir, hacer huelga de hambre indefinida, desde el día 22 de junio.
A Amadeu le habría salido mejor, carcelariamente hablando, quedarse con el vil metal, al estilo Dioni ya que de esta forma probablemente ahora, con esta justicia tan ciega, disfrutaría de libertad y de posibles. Pero escogió un camino más difícil y honrado, una senda de dignidad y subversión, que continuó una vez en la cárcel en forma de tenaz resistencia a todas las injusticias que ha visto y vivido durante estos largos años de prisión, como los abusos y arbitrariedades para con los presos, el régimen de excepción FIES (ficheros internos de especial seguimiento), sistema penitenciario corrupto, dispersión ...
Su condición de huelguista hace recordar inevitablemente a otro más celebre, que aún denostado social y oficialmente, ha obtenido un mayor eco político y mediático, o por lo menos ha conseguido dar mayor dimensión a su situación. La liberación de Amadeu no molestaría a nadie, siquiera al reducido colectivo de banqueros que, por otra parte, se pueden ver resarcidos con todas las hipotecas y comisiones con las que asedian a los trabajadores. Pero con no molestar ni causar perjuicio a nadie, no llega. Tampoco parece que su firme determinación tenga poder alguno para mover las rotativas o para convertirse en patata caliente para quienes acostumbran desde los despachos a proteger sus réditos electorales. Lamentablemente estamos más que acostumbrados a ver cómo, según coyunturas y conveniencias del momento, se trate un mismo fenómeno con distinto interés. El que nos ocupa, el de un activista libertario, no es en absoluto el único caso que cae en el olvido de forma injusta e inhumana y cabe recordar situaciones como las de Aramburu (comunista), Barandalla (independentista abertzale), o del anónimo preso común que sufre condena en condiciones de enfermedad grave, etc, ...
La arbitraria situación que atraviesa Amadeu, que responde sin duda a una decisión política, sólo será susceptible de cambiar con el apoyo y denuncia de quienes pensamos que hoy, como siempre, se paga más pena por cuestionar el orden de las cosas que por las divisas sustraídas. Si no, que pregunten a cualquier político corrupto y malversador que, de forma extraña, haya sido juzgado. ¿Hay alguno de estos en la cárcel?

¿De quién está embarazado el PNV?

¿De quién está embarazado el PNV?

La última piedra del curso pasado, 29 de junio, coincidió con el glorioso triunfo de “la roja” en el europeo de fútbol. Era el preludio de un verano en que el espíritu colectivo español iba a cabalgar alto a lomos del deporte, mientras la moral del ciudadano particular se desplomaba al compás de los tumbos de la economía. Apuntaban ya al cielo el euribor, el IPC y el petróleo y miraban al abismo las inmobiliarias, la bolsa y el consumo. Todavía, sin embargo, pudo el PSOE, a primeros de julio, saborear el 9-M en un plácido Congreso con debates de fogueo sobre políticas de izquierda, para disimular que con la crisis tocaba “vista a la derecha”, justo antes de que Zapatero empezara a reconocer que la crisis iba a zarandear a España tanto o más que a cualquiera. Y también a él, a punto ya de saber que haber optado por gobernar en solitario sin alianzas estables iba a tener un precio. El nuevo PP de Rajoy dejaba de ser el coco que le había garantizado cómodas victorias parlamentarias y el meteosat político anunciaba para otoño negociaciones tormentosas para cuadrar la financiación autonómica y aprobar los presupuestos.

Esa primera marea del verano dejó en el País vasco una estela de despedidas. Consumadas ya la de Diez Usabiaga en LAB y José Elorrieta en ELA, María San Gil estaba a punto de dejar el PP (o viceversa), y el PNV reescribía el libreto de la hoja de ruta del Lehendakari. Cierto es que el tripartito seguía enfrascado en defender la Ley de Consulta, pero cuando salió publicada en el Boletín Oficial el EBB había lanzado ya a los cuatro vientos el anuncio de “un cambio de chip para conectar con la sociedad” con una apuesta estratégica de fondo (“Think Gaur Euskadi 2020) y los fuegos artificiales de José Luis Bilbao (el Guggy-2 en Urdaibai). Por si alguien no sabía leer los labios, Ortuzar precisó que el PNV pensaba ya en el día después de la consulta. En otras palabras, en conservar el Gobierno. No más, por otra parte, de lo que el PSE pensaba ya en conquistarlo, con un Patxi López salido de tacos antes del pistoletazo, con el viento a favor de un euskobarómetro que negaba la mayoría absoluta al tripartito para otorgársela a la suma de PSE y PP.

Luego el verano, como tantas veces, se fue llenando de serpientes (manifiesto para defender el castellano, debate sobre el laicismo, alarma de las víctimas ante la salida de la cárcel de De Juana, investigación sobre los desaparecidos en la guerra civil); sobresaltos (la amenaza de Irán, dificultades de la Unión Europea para ratificar el tratado de Lisboa, goteo de noticias sobre la crisis, campaña de verano de ETA, ocupación de Osetia, directiva europea sobre la expulsión de ilegales); catástrofes (tragedia del Spanair en Barajas, huracanes en el Caribe, atentados islamistas), y nombres propios: Beatriz Betancour liberada en Colombia, Josu Jon Imaz que regresa de Columbia y desembarca en Petronor, Radovan Karadjic detenido y entregado a la justicia internacional, Obama candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Sarah Palin elegida por McCain para la vicepresidencia, Arnaldo Otegi que sale de la Martutene con la incógnita de su futuro...

Pero el poso del verano no está en los sobresaltos, ni las catástrofes, ni el carrusel de efímeros destellos de unos u otros, sino en el desplome de cualquier expectativa depositada en la política. Al menos a corto plazo. Se mire a donde se mire. Sea al plano internacional donde basta mirar a Osetia para comprobar una vez más que las santificadas normas de derecho son cartas marcadas para ser manipuladas por el tahur de turno (ahora rige el derecho de autodeterminación, ahora el principio de soberanía territorial). Sea a Europa, que ha dado pruebas evidentes de falta de propósito y de proyecto. Sea a España. Si la legislatura anterior había certificado el final de cualquier proyecto serio de Zapatero, de pacificación o territorial, en ésta no parece tener otro guión que el construido día a día desde las encuestas para, a falta de ideas para hacer frente a la crisis, capearla con el espejismo de toda suerte de debates suscitados para comerle terreno al PP y forzarle a echarse al monte, a la crispación que tanto había denunciado. De ahí los amagos con reformas de la ley de libertad religiosa y el aborto, investigación de los desaparecidos en la guerra civil, apoyo a la eutanasia, defensa de la Educación para la Ciudadanía. Dicen los socialistas que no son cortinas de humo sino marca de la casa: expresión de la voluntad de Zapatero de avanzar los derechos de la ciudadanía. Pues sí, basta reparar en el significativo, aunque rectificado, desliz de Corbacho al anunciar que suspendía la contratación de emigrantes en su país de origen para defender el puesto de trabajo de los españoles, o el empeño en aplicar la doctrina PP de que la izquierda abertzale sólo aprende a palos, o las reformas de un Código Penal y legislación penitenciaria en las que cada vez es más difícil distinguir la justicia del ensañamiento.

Mirar al País vasco no mejora el panorama, con el horizonte de las urnas relegando cualquier otro debate de fondo, el tripartito dando brazadas en el pantano de la consulta, el PSE en la orilla calculando si le conviene echarle un cable al PNV, la izquierda abertzale buscándose otra vez a sí misma y al proceso, y el PP en periodo de mudanza para volver al club de los consensos con un traje limpio. La defensa política, social y mediática de la consulta ha quedado muy lejos de la dimensión de la apuesta a la que se pretendía convocar a la sociedad vasca. Al colofón de un llamamiento a la denuncia en Europa no lo calificaré de salida por peteneras, pero sí de salida de emergencia que puede dejar en evidencia a sus promotores ante la manifiesta falta de penetración social, no tanto del derecho a la consulta cuanto de la gestión política de ese derecho.

Nos encontramos así al final de un verano embarazoso para muchos políticos, incluidos Sarah Palin, que ha venido a demostrar que hasta al embarazo de una hija adolescente se le puede sacar provecho político, y Aznar, quien siendo lo más parecido a un cinturón de castidad ha recibido de Rachida Dati una inesperada pincelada de Don Juan. Y como no hay dos sin tres, septiembre nos trae el embarazo electoral del PNV indeciso a la hora de encargar niño o niña. Llevar a Ibarretxe implica, de no lograr una mayoría improbable, una difícil singladura poselectoral a la hora de compaginar propósitos con alianzas. Cambiar de candidato, la renuncia a su mejor baza en unas elecciones marcadas por la crisis en la que la ejecutoria del Gobierno vasco ofrece todavía ventaja comparativa con la socialista. A expensas, claro, de que se anuncie el embarazo de la izquierda abertzale con esa candidatura blanca que augura Ramón Jáuregui. Una buena noticia en tiempos de crisis: la cigüeña no está en paro.

Mariano Ferrer

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SÓLO UN ACCIDENTE

Accidente: casualidad, eventualidad; suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño.

Si la casualidad es lo que se sale de las estadísticas, vivimos en una sociedad capaz de volverla a encerrar en ellas, en la previsión. Por cada millón de desplazamientos corresponde un número fijo de muertos sobre el que ir trabajando: en el tráfico vial ese número depende del estado de las carreteras y del del parque automovilístico, la regulación del tráfico, etc. La casualidad sólo influye, y también relativamente, en el reparto.

¿Pasa algo similar en los accidentes aéreos? Las de aviación están tan sometidas a la dinámica feroz de la competitividad como cualquier otra empresa. En función del beneficio se comen entre ellas, desapareciendo unas y apareciendo otras. Es un proceso en el que se consigue el incremento reiterado del beneficio a costa de externalizaciones y de la degradación reiterada de las condiciones de trabajo. ¿Se degrada, también en ese proceso, la seguridad de los vuelos? Previsiblemente. Más, cuando el mantenimiento de los aparatos se encarga a terceros, que, a su vez, pueden encargarla a unos segundos terceros.

Aunque se pretendiera, que no es seguro que se intente cuando el dinero está de por medio, en el mundo de la prisa y de la movilidad, el control no puede alcanzar lo que nuestra voracidad demanda. No hay tiempo que perder, aunque la prisa abra la puerta a la casualidad, aunque la haga previsible. El tiempo que era oro, hoy es dinero. Así, Barajas mal mezcladas como la de Madrid, incrementan las posibilidades de recibir la peor mano.

En vuelo charter o en patera, con adhesión fervorosa o violentamente empujados, esa vorágine a la que nos dirigen es a la que nos sumamos. Naturalmente no es lo mismo, es radicalmente distinto y aun lo opuesto, aunque a veces los resultados los equiparen.

También el tratamiento mediático es distinto: esos otros desparecen rápidamente de los medios sin que oigamos sus testimonios ni saber del dolor de sus entornos familiares. De los primeros nos dan información hasta la saciedad, apelando a los elementos más sensibles de forma que causen conmoción hasta en Pekín o en la Zarzuela. Conmoción falsa, que nada cuestiona. Falsa información por más que reiterativa, que nos oculta las causas, las responsabilidades y la necesidad de cambiar nuestros estilos de vida.

Colectivo Malatextos

Langarra (3)

Un pensamiento nuevo

Democracia y consulta (I)

DEMOCRACIA Y CONSULTA (I)

Los aspectos democráticos

Paco Garmendia

En el debate actual sobre la consulta propuesta por el Gobierno de Euskadi para el 25/10/08 conviene distinguir entre las cuestiones básicas que afectan a la concepción de la democracia, de un lado, y la forma en la que se plantea en este caso, del otro. Ambos están relacionados, pero no son lo mismo.

Lo peor del actual debate radica, desde mi percepción, en que el juego de intereses encontrados -no necesariamente democráticos- en torno al momento coyuntural, está afectando negativamente a principios fundamentales para la consolidación del proceso democrático vasco y español.

Para actuar democráticamente no bastan las intenciones, ni las declaraciones avaladas con papeles. La democracia es proceso práctico, en el que se conjugan modos de sentir, pensar y comportarse en la complicada tarea de combinar libertad y comunidad. Y como tal proceso, la democracia es una realidad abierta, que puede empeorar o mejorar.

Las consultas pueden ayudar a mejorar la democracia, pero no bastan para garantizarla. Obstruir por principio el ejercicio de la consulta es, en cualquier caso, entorpecer la democracia, aunque se utilicen medios legales para ello. Y el solo hecho de oponerse a esas leyes obstruccionistas tampoco garantiza las bases democráticas de otros procesos de consulta política a la sociedad.

La calidad democrática de un sistema político y del conjunto de sus instituciones se mide en el grado de protagonismo que ejercen los vecinos y ciudadanos concretos afectados al definir los problemas y su relevancia, al deliberar sobre ellos y decidir el modo de afrontarlos, así como al ejecutar y evaluar las políticas acordadas.

La puerta de la libertad democrática se abre respetando que todo ciudadano sea libre de hacer preguntas y plantearlas públicamente, en igualdad de condiciones con todos los demás. No basta con la libertad de responder, que es reconocida incluso por fascistas que determinan al dictat las preguntas en plebiscitos manifiestamente antidemocráticos. Reducir la libertad democrática a la libertad de respuesta es hacer de las personas animales, que también son capaces de responder.

Sin embargo, estos fundamentos elementales de la dimensión consultiva de la democracia, apenas tienen eco en el debate actual sobre la consulta que nos ocupa. En lugar de recurrir a las claves genuinamente democráticas al valorar las posiciones naturalmente contradictorias sobre los problemas que nos inquietan, asistimos a la recuperación de puntos de vista más propios de la tradición fascista o leninista.

La obsesión de que la sociedad vasca no sea consultada es lo que prima en algunas posiciones que no dudan en recurrir a cualquier medio para defender su propósito. A modo de ejemplo: en relación a la “consulta” propuesta por el Gobierno Vasco, el Lehendakari Ibarretxe era insistentemente cuestionado en El País del 8/6/2008 por su entrevistador, quien como último argumento le preguntaba “Pero ¿en qué texto legal se permite?”. Es triste tener que constatar que el delegado de El País en Euskadi reproduzca en su pregunta el pensamiento propio de las dictaduras, según el cual todo lo que no está expresamente reconocido debe considerarse como no permitido.

El hecho de que socialmente se haya planteado la viabilidad – inviabilidad de la “consulta” en términos de “papeleo legal” ha hecho que el problema de fondo haya quedado diluido y se haya desenfocado. Ante una estrategia obstruccionista de “impedir” legalmente algo que no está positivamente permitido, el Gobierno Vasco se ha visto obligado –reactivamente- a diseñar una estrategia jurídica que blinde la posibilidad de consulta con una ley que la decreta en tales términos que solamente caben dos preguntas que formula el propio Gobierno.

Es una situación absurda desde un punto de vista democrático, si nos fijamos en las variadas experiencias de consulta vigentes en países de solera participativa. Es por ello importante que no quedemos atrapados en esta espiral de acción-reacción y aspiremos a desarrollar procedimientos de participación consultiva directa que permitan a los ciudadanos formular preguntas, avalándolas con las garantías que se establezcan.

La refutación del derecho a la libertad de preguntar, alegando que determinadas preguntas dividen a la sociedad, equivale a impedir el ejercicio de la libertad en nombre de la unidad. En las mejores experiencias democráticas del mundo suele plantearse la convivencia más en términos de unión, que bajo el concepto de unidad. La unidad de pregunta equivale a excluir otros modos de plantear la convivencia. La unidad (de pensamiento, de sentimiento o de acción) fácilmente se traduce en coacción. La unión se basa en la adhesión voluntaria de mutua dependencia, conquistada por concurso contradictorio que busca solidaridades en beneficio mutuo. La unión es cosa de personas que preguntan y admiten las preguntas de otras personas, confrontándolas en debate y decidiendo sobre ellas por procedimientos siempre perfectibles, pero comúnmente aceptados.

La consulta es una herramienta para conocer el estado de la opinión sobre cuestiones que pueden interesar desigualmente al Gobierno o a la oposición, a unos sectores de la sociedad o a otros. Pero es una herramienta saludable para conocer incluso el grado de nuestras divisiones y antagonismos que, quizás, una vez formalizados, no resulten ser tan graves. Al igual que es sana para la democracia la existencia de los Partidos, que son “parte” y, como tales, expresan la diversidad social.

Lo escrito hasta ahora podrá parecer a algunos, en la vorágine actual de contra o a favor de la consulta planteada por el Gobierno Vasco, una digresión intelectual poco útil. Pero quienes queremos ejercer como vascos libres en un pueblo libre federalmente solidario con los pueblos de Iberia y de toda Europa, debemos cuidarnos muy mucho de conformar nuestra estrategia desde la pura negación de quienes se oponen a nuestra pretensión.

Cambio político en Navarra

Cambio político en Navarra
Paco Roda

Democracia y consulta (II)

DEMOCRACIA Y CONSULTA (II)

¿Qué hacer?

Paco Garmendia

Creo haber expuesto las razones por las que no me gustan los términos en los que está planteado el debate actual sobre la consulta. Pero raramente son los idealmente deseados, los contextos de vida en los que debemos optar. En la oposición a la obsesión cesarista que demuestran quienes dirigen el actual gobierno de España en su empeño por impedir que los vascos manifestemos, en consulta pública, nuestra opinión sobre cuestiones controvertidas que atenazan nuestro desarrollo democrático, debo situarme del lado del Gobierno de Euskadi.

Y lo debo por convicción democrática y por fidelidad a una tradición positiva de nuestra historia institucional. En la disposición adicional del Estatuto de Gernika se hace referencia a que los vascos no renunciamos a lo que por la historia y como pueblo nos corresponde. Una de las características principales del sistema político foral era, precisamente, la participación consultiva y deliberativa de los vecinos - ciudadanos en cuantas cuestiones afectaban a su vida en común. En realidad, tal como recoge Larramendi en su diccionario, agintari (persona que ejerce como autoridad) quiere decir prometedor, en cuanto que es persona obligada a cumplir la palabra dada a su comunidad. Las Juntas Generales, en muchas cuestiones, deliberaban en dos fases: en la primera se recogían los puntos a tratar y en la segunda se tomaban las decisiones, previa consulta a las asambleas de vecinos y sus órganos.

Precisamente a la luz (con sus sombras) de esa tradición, lamento que las circunstancias hayan impedido un planteamiento más avanzado por parte del Gobierno Vasco. Debía haber habilitado, a través de una Ley que desarrollase lo establecido en el Estatuto de Gernika, unos procedimientos que facilitasen la participación consultiva de los ciudadanos, que no debe confundirse con los procedimientos de referéndum para ratificar determinados acuerdos políticos.

Hacer una ley ad hoc o ad casum, habilitando un procedimiento para un contenido de preguntas precisas y limitadas preestablecidas por este u otro Gobierno, equivale, de hecho, a constreñir la posibilidad de libre participación de los ciudadanos que deseen introducir otras preguntas en la consulta que se plantee. Es de desear que próximamente sea posible un acuerdo en sede parlamentaria sobre este particular, salvando la libertad ciudadana a preguntar en público a los conciudadanos, quienes, a su vez, ejerceríamos la libertad de no contestar o de contestar a favor o en contra.

Centrándonos, en el caso que nos ocupa, en las dos proposiciones sobre las que el Gobierno Vasco quiere preguntar en la consulta considero relevante destacar lo que en ellos se indica que no debe hacerse si queremos avanzar por la senda democrática y por qué es importante tomar posición sobre los contenidos en ellas planteados.

Existe la necesidad urgente de clarificar si los ciudadanos vascos y, de manera particular, los identificados nacionalmente como vascos, amparan o condenan la lucha armada (con crímenes, atentados y persecución terrorista) que ETA practica, enarbolando la enseña vasca, como si representase al Pueblo Vasco.

Esta cuestión es importante tanto interna como externamente desde un punto de vista democrático. El Lehendakari Ibarretxe ha afirmado que “ETA es el mayor enemigo, el obstáculo más grande para que el Pueblo Vasco haga su camino”. Y, sin embargo, el PP y, también, el PSOE atacan al Lehendakari como cómplice de la estrategia de ETA. Esta opinión es la que impera en el mundo occidental por la amplia campaña al alimón de los aparatos de los Estados de España y Francia, de un lado, y de la propia ETA que se autopresenta como defensora de la causa vasca, del otro.

En este contexto es importante poner a ETA, al PP y al PSOE donde les corresponde, para lo que puede ser útil la pregunta primera de la consulta, que, de interpretarse tomando en su conjunto lo manifestado en sede parlamentaria por el Lehendakari del Gobierno proponente, significa:

a. que la sociedad vasca le niega a ETA toda legitimidad para negociar nada en nombre del Pueblo Vasco como no sea su autodisolución a la que, en su caso, seguiría el final dialogado de quienes se hallan cumpliendo condenas y viviendo irregularmente debido a su implicación en actos de terror;

b. que la sociedad vasca no acepta, por tanto, ninguna decisión de ninguna autoridad que negociase nada con ETA como no sea lo anteriormente dicho; y, en consecuencia, exige a las autoridades que le representan el respeto riguroso a dicha posición.

La segunda proposición de la consulta está justificada por la necesidad de clarificar si la sociedad vasca está de acuerdo con el inicio de un nuevo proceso deliberativo para corregir la situación actual de incumplimiento del Estatuto de Gernika por parte del Estado y su negativa a corregir tal proceder, como hubiese sido de rigor desde la bilateralidad no subordinada, en la que se sustenta el pacto del Estatuto de Gernika.

Esta pregunta completa la primera desde un punto de vista democrático. Hay que denunciar el incumplimiento del Estatuto de Gernika (por invasión unilateral con Leyes Básicas laminadoras y omisión intencionada de transferencias pospuestas sine die después de 28 años), abogando por una solución radical que garantice la biletaralidad no subordinada, lo que exige respetar lo libremente pactado con amparo institucional suficiente para obligar a ello.

Para el desarrollo positivo de las instituciones vascas en la época moderna, resultó trascendental la integración popular eficiente tanto en la lucha contra los desmanes terroristas de los Parientes Mayores, así como en la salvaguarda del principio de negarse a aceptar como voluntad propiamente vasca, la que unilateralmente quisiesen imponer las autoridades de los Reinos a los que se hallaban vinculados los territorios vascos, aplicando el “ pase foral” en Bizkaia, el “derecho de sobrecarta en Navarra” o el “uso” en Gipuzkoa.

La consulta debe ser una herramienta más para recuperar la savia de una nueva integración popular que sea eficiente contra ETA y contra el nuevo cesarismo, favoreciendo así el ejercicio de una libertad más plena y de una solidaridad mayor en nuestros diferentes ámbitos comunitarios.

Dame pan y llámame tonto

Dame pan y llámame tonto

Mariano Ferrer

Una vez que EHAK nos privó de la incertidumbre del resultado, el Pleno de Vitoria no parecía tener otro interés que el anunciado voto dividido de Ezker Abertzaleak les hacía tomar la palabra con quienes con quienes estaban a favor o en contra del proyecto de ley de consulta (lo hicieron con quienes estaban en contra), si María San Gil subía a la tribunta (no lo hizo, y las cámaras recogieron su actitud de profundo abatimiento), y evaluar el progreso de Patxi López en su pose de candidato a Lehendakari (estuvo suelto, con buen manejo de la retórica y un más que correcto inicio en euskera).

Sin embargo, la sesión misma resultó más larga y más interesante de lo anticipado. Fue también un pequeño galimatías, tanto en los votos emitidos como en los argumentos. Así, PNV, EA, EB y Aralar votaron SI a la ley de consulta para votar que SI a la iniciativa negociadora que la impulsaba; PP votó que NO a la ley y a la iniciativa; PSE votó que NO a la ley y la iniciativa para votar que SI al diálogo, al acuerdo y a la convivencia, y Ezker Abertzaleak votó que SI a la ley diciendo que NO a la iniciativa que la sustenta. Y a la hora de los argumentos, mientras PP y PSE adujeron para decir que NO que la iniciativa ponía patas arriba el ordenamiento jurídico, EHAK sostuvo que suponía someterse a ese ordenamiento; y mientras el tripartito justificaba el SI para abrir la puerta al derecho a decidir, EHAK lo hacía para demostrar que no se puede abrir esa puerta.

Lo más interesante del debate fue la contraposición entre legalidad (el ordenamiento prohibe la consulta) y democracia (que la debiera permitir); la constatación de que los proponentes de la iniciativa no han sabido transmitir su sentido a la ciudadanía de la forma que lo hicieron en el Pleno (¿estaban suficientemente convencidos cuando le dieron curso?), y los dos planos tan diferentes en que se ha desarrollado el debate (lo que el texto de las preguntas dice y la intención política que cada uno le atribuye, dar la palabra a la ciudadanía o introducir en el ordenamiento jurídico el ámbito vasco de decisión). La principal carencia de la sesión fue que PSE y PP no se vieran apremiados a declarar cuál es, aparte de rechazar la consulta, su posición respecto de las preguntas.

Al final, las cosas siguen como estaban, con los partidos bloqueados en torno a la existencia, naturaleza y solución del conflicto político vasco, y abocados, dada la decisión del Gobierno español de bloquear la consulta, a dar la palabra a los ciudadanos en una convocatoria electoral ordinaria para establezcan una nueva relación de fuerzas desde la que retomar el debate.

Desde este punto de vista disiento de que la decisión de EHAK de dar paso a la ley haya sido la más dañina para el PNV o el Lehendakari. Se argumenta que es humillante para el Lehendakari recibir el voto decisivo de quienes rechazan su iniciativa. Lo humillante hubiera sido que el proyecto en torno al que ha construido toda la Legislatura hubiera sido rechazado no en Madrid sino en su propio Parlamento. Ibarretxe hubiera tenido que dimitir y el PNV un problema de mil pares. Dame pan y llámame tonto. Ahora el Lehendakari tiene la manija de las elecciones, y el PNV tiene la oportunidad de construir un discurso que conjugue su apuesta por el derecho a decidir con su defensa de la Lehendakaritza. ¿Que qué van a hacer para mantener abierta la puerta a la decisión de los vascos? Pues eso, tratar de ganar las elecciones.

Tiros por la culata

Tiros por la culata

Mariano Ferrer

Dicen los castizos, y lo recordaba Javier Pradera al hablar del lío interno del PP, que la ópera no termina hasta que cante la gorda. La gorda, la vedette, es obviamente Aznar y, al verme obligado a entregar esta piedra antes de que cante en el Congreso de Valencia, ignoro si su “aria” reforzará el liderazgo de Rajoy --dándose por satisfecho con el cumplimiento de los cuatro mandamientos que le dictó hace ahora un mes (defensa de los principios, contar con los mejores y actuar sin complejos, generar confianza en el gran proyecto de una España unida)--, o reavivará las brasas de la decaída contestación interna a la que se le han hecho muy largos los cien días entre la derrota electoral y la cita de Valencia.

Puede decirse que a los críticos les ha salido el tiro por la culata. Lo han ensayado todo: intentaron forzar la retirada de Rajoy con una frustrada aclamación a Esperanza Aguirre la noche electoral, sembraron dudas sobre su capacidad para ganar en las urnas, programaron deserciones y comparecencias para transmitir la idea de su soledad (Zaplana, Acebes, San Gil, Ortega Lara, Arístegui, Elorriaga, Luis Herrero, Cascos, Aragonés, Juan Costa...), le achacaron falta de democracia y maniobras para impedir candidaturas alternativas, empujaron a los descontentos a desafiarle, le atribuyeron intenciones de renunciar a los valores tradicionales de la derecha, le presionaron para que anunciara su equipo y así engrosar la lista de agraviados, ridiculizaron sus nombramientos, denostaron a los líderes regionales que le apoyaban (“tratan de frenar a Esperanza Aguirre para tener ellos vía libre cuando el cantado fracaso de Rajoy en las siguientes citas electorales obligara a su relevo”), alentaron el voto en blanco como voto de castigo para deslegitimar el resultado –ya sólo les queda el recurso de contar las ausencias-- y no han tenido empacho en transformar al Rajoy que habían ungido hasta el 9-M como el llamado a salvar España, en un monigote perezoso, un gallego taimado, un líder sin liderazgo, mentiroso, traidor y veleta.

Demasiado gasto para tan magro resultado. Rajoy ha llegado a la cita de Valencia más fuerte que el 10-M y con la suerte de cara: una crisis que empieza a hacer añorar a los socialistas los años de la crispación con bonanza económica. El débil Rajoy maneja el cotarro: nombra sin problemas a Dolores Cospedal y mata simbólicamente al padre poniéndole a hablar en Valencia el sábado cuando los compromisarios están pensando que es hora de comer. Incapaz de presentar alternativa, el sector crítico carece de consistencia y trata de cubrirse con apelaciones a la unidad que cuestionan incluso la oportunidad del voto en blanco no vaya a ser que más que un castigo para Rajoy evidencie la falta de apoyos de Esperanza Aguirre fuera de su enclave madrileño. Una Esperanza que parece tener ya muy poca de salir del Congreso como la autoridad tutelar del partido a la espera de que Rajoy se ahogue en la impotencia. Otra cosa es que, además de al sector crítico, también al partido le salga el tiro por la culata tras la refriega pre-congresual.

La dirección tratará de proyectar la unidad de un partido renovado, pero el desbarajuste de estos meses pasará factura. El PP ha perdido estos meses esa cohesión interna que consideraban el mayor activo de la pasada Legislatura. Es obvio que muchos militantes no ven en Rajoy un candidato ganador, aunque en estos momentos estén dispuestos a apoyarle como mal menor frente al vacío o el caos. Un grupo significativo de dirigentes se siente maltratado y desconfía de los “niñatos” que Rajoy ha promocionado. La reclamación de democracia interna deja abierto el debate sobre el liderazgo electoral para 2012. La dirección del partido tendrá que dividir su atención entre la labor de oposición y la preocupación por afianzar a Rajoy ante los próximos retos electorales que obligan a recuperar los apoyos mediáticos que ha perdido por el camino, así como la sintonía con el colectivo de víctimas muy tocado con la espantada de San Gil y Ortega Lara. Y por encima de todo ello, Rajoy necesita subsanar la carencia más llamativa del proceso de cambio que abandera: un discurso coherente que oriente ese cambio y aclare si el lo suyo es el pos aznarismo o el aznarismo desnortado.

Rajoy se ha limitado a proclamar la fidelidad a los principios y la necesidad de acomodar el partido a los cambios que se dan en la sociedad (“los 10 millones que nos han votado quieren ser 12 millones y para eso hay que cambiar algunas cosas”). Sobre los cambios ha dado algunas pistas: combatir la imagen antipática del PP, emancipar al partido de grupos de presión ajenos, abrirlo a sectores que desean una alternativa menos dogmática al PSOE, escuchar a la periferia y no sólo al griterío de Madrid, dar oportunidad a los jóvenes, atender además de a las “esencias” a las preocupaciones reales de los ciudadanos, y mantener una interlocución normal con el resto de partido, incluidos los nacionalistas moderados.

Aparte del malestar de quienes se sienten damnificados por estos cambios --élites dirigentes preteridas, grupos de presión que pierden influencia-- el problema es cómo articular esa apertura con el dogma de la unidad de España y la del partido. San Gil se plantó al sospechar que a la apertura le saliera el tiro por la culata de cuestionar postulados sustanciales (modelo de Estado, acuerdos de gobierno con nacionalistas) en la política nacional del PP (“la idea de nación de naciones choca con nuestra idea de España como gran nación de ciudadanos libres”). Otros han alertado de otro potencial tiro por la culata si el PP pierde esa condición nacional española: que deje de ser un partido para pasar a ser una confederación. En este temor subyace una reflexión de fondo recogida por Ramoneda, la evolución de España hacia una estructura en la que el conflicto centro-periferia irá dejando de ser patrimonio de los nacionalistas. Reflexión de fondo a la que se une una constatación de hecho: la apetencia de poder por parte de los barones regionales del PP a semejanza del que ostentan los del PSOE y que puede recibir impulso en la necesidad que tiene Rajoy de su apoyo.

Deducir todo esto de la modesta apertura a los partidos nacionalistas moderados, cuya intención no es otra que habilitar eventuales alianzas necesarias para desbancar al PSOE, parece exagerado. Más bien, como apunta Gallego-Diaz, el problema más inmediato puede ser una alianza del PSOE con los nacionalistas que sitúe a los populares en la necesidad de ir más allá de los cambios cosméticos para afrontar una auténtica refundación de la derecha española. El primer test lo puede tener en el País vasco. Basagoiti ha adelantado preventivamente su disposición a apoyar al PSE si apuesta con claridad por una alternativa en defensa de las libertades. Pero Patxi López ha salido rápido al quite: que no le busquen para reeditar esquemas de confrontación. No se le ha olvidado que en la apuesta frentista con Mayor Oreja a quien le salió el tiro por la culata fue al PSE. Otra cosa es lo que pueda hacer López si las urnas le permiten tener la sartén por el mango. Tampoco se le habrá olvidado que el PP les debe una desde lo de agosto del año pasado en Navarra.

Disolución de ANV en el Ayuntamiento de Zizur

COMO era de esperar, no ha tardado ANV en salir públicamente contra NaBai y contra el alcalde de Zizur por la decisión de éste de dar trámite al requerimiento de Garzón, por el cual disuelve el grupo municipal de ANV en el Ayuntamiento. Este requerimiento de Garzón al alcalde, con aviso de incurrir en desacato en caso de incumplimiento, se produce hace más de un mes. Este tiempo ha sido empleado en intentar retrasar al máximo su efectividad y buscar fórmulas lo menos lesivas para este grupo municipal. Finalmente, ha sido el acatamiento en los términos judicialmente exigidos y el compromiso de seguir respetando todos los derechos de la concejala de ANV Maite Valencia, la única fórmula posible para salvar una situación lamentable, que refleja a los niveles que las posiciones de confrontación y pulsos de fuerza están llevando a esta maltrecha democracia, así como la crispación y bloques en los que ha terminado instalada esta sociedad.


Decía que no ha tardado ANV en salir y, como es habitual en ellos, hacerlo con acusaciones, insultos e insinuaciones contra NaBai y del alcalde Pedro Huarte, de trazos gruesos. Calificativos como colaboradores de Garzón, españoles, sostenedores de régimen, estar de acuerdo con la Ley de Partidos, etcétera. Por desgracia, este hecho, que debería escandalizarnos a todos, a la sociedad y a las mismas bases de ANV, ya no sorprende a nadie. ANV ya juzgó y condenó a NaBai hace más de un año por estos mismos hechos. Desde hace más de un año vienen llamándonos mediante carteles, pancartas o panfletos amigos de la Guardia Civil, de torturadores, vender a Navarra y Euskal Herria y otras lindezas. Así pues ahora, con lo de Zizur, simplemente creen tener, por fin, una excusa para hacerlo en rueda de prensa ante los medios.


Llegados a esta situación, a esta triste situación, quizás sea necesario hacer algunas reflexiones algo más serias y profundas que el simple insulto o descalificación. Es evidente la distancia y dificultad que para una relación fluida tiene NaBai y los partidos que la componemos con ANV. Igualmente, la inexistencia de relaciones o comunicación impide y hace imposible abordar problemas como los derivados de la Ley de Partidos y sus últimas consecuencias en los ayuntamientos. El foso abierto por ANV con el resto de fuerzas políticas no hace sino ahondarse y, lejos de mostrar voluntad de tender puentes a lo que desde aquí animo y me comprometo, parece ser que se trabaja más por derribarlos.


Las consecuencias de la decisión de la Audiencia Nacional de disolver los grupos municipales de ANV es, sin duda, un acto más de la injusta y antidemocrática Ley de Partidos. A ésta nos hemos opuesto en infinidad de ocasiones y hemos mostrado nuestro rechazo con diferentes formas. Siendo así nuestro desacuerdo, y considerándola como un recorte de libertades democráticas, es injusto, intencionado y buscado el uso que ANV hace contra NaBai de su papel de víctima.


Pide ANV a NaBai una posición de confrontación y resistencia frente a los requerimientos judiciales. De no acatamiento por nuestros alcaldes. Esta demanda que ahora hace ANV, quizás hubiese sido posible abordarla desde el inicio de la Ley de Partidos entre todas las fuerzas políticas vascas y de forma conjunta si todos hubiésemos estado de acuerdo en responder y hacerlo por vías exclusivamente políticas. Fue precisamente la izquierda abertzale oficial la que dejó claro que se valía por sí sola para dar respuesta a esta Ley, impidiendo en la práctica una respuesta común.


Hoy, cuando se han cambiado media docena de veces las siglas, cuando en la práctica se ha acatado, por imperativo legal, todo lo acatable, seguir exigiendo a NaBai que se eche al monte sólo se justifica en la estrategia de pedir lo imposible para poder seguir criticándole. Es pedir lo imposible porque, salvo cuatro, afortunadamente ya nadie está echado al monte, tampoco ANV y mucho menos su base social.


Para pedir ANV al alcalde de Zizur o a cualquier otro alcalde de NaBai que desobedezca los requerimientos judiciales y asuma las consecuencias penales y políticas derivadas de ello, ANV debería predicar con el ejemplo, y no es precisamente eso lo que hace. La reciente rueda de prensa en la que se descalificaba a NaBai, coincidía en el tiempo con la decisión de ANV de autodisolverse voluntariamente en aquellos ayuntamientos donde tienen la Alcaldía. Esto lo hace para así, cumpliendo el requerimiento de Garzón, salvar a sus alcaldes. Pues bien, le piden al alcalde de Zizur que haga lo que ellos, lógicamente, no están dispuestos a hacer.


Como se coge antes a un mentiroso que a un cojo, quiero recordar la cruzada desarrollada por ANV contra el alcalde de Leitza y militante de Aralar Patxi Sáez la legislatura pasada. Durante tres años fue objeto, con las mismas descalificaciones y los mismos insultos, de acoso político y personal por acatar la sentencia del TSJN que le obligaba a retirar la Ikurriña del balcón del Ayuntamiento. Hoy, con el alcalde de ANV y después de quince meses de las últimas elecciones, ¿ha puesto ANV la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento de Leitza? Pues no. ¿Ha acatado el alcalde de ANV la sentencia del TSJN? Pues sí, como en Arbizu, Bera, etcétera. Eso sí, ellos no son vendepatrias, ni españoles, ni colaboradores.


No debería ser éste el comportamiento, tampoco la forma de relacionarnos ni de abordar los problemas de este país y de sus ciudadanos. Sería conveniente y necesaria una reflexión y un compromiso para corregir estos comportamientos. Quizás una primera medida debería ser tender puentes en vez de romperlos, hablar y relacionarnos mas. Trabajar en los ayuntamientos en aquellos problemas que afectan a los ciudadanos, y hacerlo buscando coincidencias; sería un primer paso. De ahí, ir avanzando hasta normalizar una relación que nos permita seguir en la misma orilla.Ardua tarea en esta Euskal Herria tan viciada y difícil, pero la única salida en clave de futuro y pluralidad. Mientras tanto, el día a día nos obliga a responder a lo que nos viene encima y defender a quienes queremos y a quienes trabajan de forma honrada y generosa, por ello, mi más fuerte apoyo al alcalde de Zizur Pedro Huarte.

Txentxo Jimenez.

Nombres franquistas y nombres adecuados-

José Ignacio Lacasta-Zabalza

El pasado día 14 leí en este mismo periódico la opinión de Julián Marín Mencos en contra de llamar al nuevo Estadio de Fútbol con el nombre de Rigoberta Menchú.

Vaya por delante que el estilo de Julián Marín me parece cortés, medido y sin un ápice de grosería. Lo que en estos tiempos de mala educación imperante ya es todo un mérito. Además, razona lo que expone, argumenta, lo que siempre es una manera de entenderse entre personas, aunque, como es el caso, haya profundos desacuerdos.

Julián Marín no desea entrar en polémicas sobre el nombre de José Antonio Elola que va a ser suprimido. Elola Olaso, falangista, tuvo altos cargos de rango ministerial en los gobiernos de Franco. Elola, como Arrese el corellano o como el también ribero Lacalle Larraga fueron capitostes, tenientes generales, ministros franquistas y partícipes de un régimen que no era otra cosa que una dictadura militar. Seguro que al Sr. Marín no le gustan las dictaduras de Pinochet o la argentina de Videla. Pues bien, solamente hay una diferencia cuantitativa entre la catadura moral del régimen de Franco y esas dictaduras del cono sur americano: que el régimen franquista mató a muchísima más gente que la que se asesinó en Chile y Argentina. Por poner un ejemplo: a Pinochet se le reprocha el haber asesinado y hecho desaparecer a unas cinco mil personas como máximo. Aquí, solamente en Navarra, desde el triunfante 18 de julio de 1936, fueron fusiladas tres mil cuatrocientas y pico personas (las que figuran con nombres y apellidos en el Parque de la Memoria de Sartaguda).

Claro que a eso el Sr. Marín le llama la Guerra Civil y dice (textualmente): “que es un asunto, el de la Guerra Civil, que considero que cuanto más se hable más heridas abre y menos une”. Craso error: porque aquí en Navarra no hubo guerra alguna, no existieron los frentes de combate y ni siquiera se dio una resistencia armada republicana. Aquí, desde el primer día, tomaron el poder los franquistas, Mola y sus seguidores, que cometieron el genocidio antes referido y registrado en el monumento de Sartaguda.

¿Genocidio? ¿no es una palabra muy fuerte? Pues no, y si no, que se lean las leyes contemporáneas y el Código penal vigente que así califican la destrucción planificada de grupos nacionales por motivos políticos y religiosos (que es justamente lo que sucedió en Navarra en 1936). Además, se puede hablar tranquilamente de una guerra que la mayoría no vivimos, se puede estudiar y se puede racionalizar para que nunca ocurra. En la zona republicana se dieron muchos desmanes, pero resulta que Navarra nunca tuvo dos bandos en combate.

Por otra parte, queda sin resolver lo que se hizo terminada la contienda en 1939. desde entonces a 1977. ¿Se ha creído alguien que no hubo pena de muerte, cárceles repletas ni trabajos forzados? Todo es más fácil: cada cual es responsable de sus actos y de sus tropelías. Y es indigno que tenga el nombre de un alto cargo de Franco un Estadio de Tudela. ¿Qué tal si en Alemania se llamase Goering o Goebels, ministros de Hitler, a un polideportivo?

Pongámonos de una vez a la altura cultural europea. Pero no dramaticemos: quizá el nombre de Rigoberta Menchú sea excesivo o no adecuado (sin restarle el menor mérito moral a la guatemalteca, es verdad que no tiene vinculación con el deporte). Nelson Mandela –contra lo que afirma Julián Marín- sí que tenía una estrecha relación con la práctica deportiva (creo que fue boxeador, desde luego atleta y es algo muy sabido que hace a diario ejercicio físico y por eso está así de bien). En sus discursos y declaraciones no ha dejado de recomendar la promoción del deporte. Pero, para nuestra Tudela, donde no hay tantos deportistas de élite, quizá el nombre mejor o uno de los mejores fuera el de Ismael Urzáiz. Con sus muchos años en activo, su sencillez y buenas maneras dentro y fuera del campo.